
Hay colecciones que cuentan una historia y las hay que continúan. La propuesta de Matthieu Blazy para CHANEL en su temporada Otoño-Invierno 2026, titulada La Conversation- Part Two, pertenece a la segunda categoría, un diálogo que arrancó con su debut en la maison y que, lejos de agotarse, se profundiza con cada desfile. Esta vez, el intercambio es entre dos mundos que Gabrielle Chanel siempre supo habitar al mismo tiempo, el de la oruga y el de la mariposa.


La metáfora no es arbitraria. Blazy la toma directamente de las palabras de Mademoiselle, “La moda es a la vez oruga y mariposa”. Nada más cómodo que una oruga y nada más hecho para el amor que una mariposa. Necesitamos vestidos que rastreen y vestidos que vuelan.” Desde el punto de partida, el director artístico construye una colección que se mueve con comodidad entre lo funcional y lo seductor, entre el día y la noche, entre lo real y lo artificial. No como una contradicción, sino como una convivencia. De la oruga a la mariposa, pero con escala en el tiempo.


Una de las decisiones más interesantes del desfile es su estructura temporal. Las siluetas no responden a una sola era sino a varias, los años veinte, los treinta, los cincuenta, los sesenta y, de vuelta, los veinte actuales. Hay algo de estratigrafía en esa propuesta, capas que se superponen sin borrarse, construyendo una mujer que lleva consigo distintas versiones de sí misma. El traje Chanel, esa pieza que ha sobrevivido décadas sin perder vigencia, es el eje alrededor del cual gira todo. No como reliquia, sino como lienzo en blanco.

Blazy lo reinventa con una amplitud de materiales que va del tweed clásico al jersey de seda de corte años veinte, pasando por tejidos bucle con hilos de lurex, fibras artificiales, silicona y gasa natural. La “workshirt” en tweed boucle y el blusón de tweed prensado de corte masculino se incorporan al nuevo vocabulario del traje como piezas integrales, no como referencias nostálgicas. Y los trajes tejidos con cuentas de una ligereza y movilidad casi inesperadas, representan quizás la apuesta técnica más llamativa de la colección.


A medida que la propuesta avanza, algo cambia en el ambiente, La iridiscencia, presente desde el principio, se vuelve protagonista. Es aquí donde aparece el concepto de papillon de nuit, la mariposa nocturna que toma el relevo de la oruga diurna. Los abrigos y vestidos se vuelven más fluidos, más sinuosos, cortados con dinamismos para propulsar a quien los lleva hacia la noche. Hay algo casi cinematográfico en esa transición, una narrativa que se siente en el cuerpo antes de procesarse en la mente.

Si la colección es un diálogo entre lo real y lo artificial, los accesorios son su epílogo más elocuente. La joyería en esmalte y resina con acabados opalescentes convive con piezas en nacar genuino teñido artificialmente, una paradoja hermosa y completamente intencional. Las botas cap-toe en cueros suaves y pasteles refuerzan esa sensación de irrealidad elegante. Y los bolsos abarcan todo el espectro, desde el icónico flap de ante en su encarnación beige, cuyo matelasse fue tomado directamente del sofá del apartamento de Gabrielle Chanel, hasta el nuevo bolso con cierre “kinetico” y la minaudière en forma de granada, iridiscente, envenenada, imposible de ignorar.


Lo que Matthew Blazy está construyendo en Chanel no es una ruptura ni una reverencia ciega. Es algo más difícil, una conversación genuina con una fundadora que lleva décadas sin poder responder, pero cuyas palabras siguen siendo sorprendentemente vigentes. Otoño-Invierno 2026 demuestra que esa conversación tiene mucho más que decir.


