Con Anna, la tercera entrega de su colaboración presentada en la Semana de la Moda de París, Camper e Issey Miyake llevan el calzado a un territorio más íntimo y sensorial: el tacón concebido como una segunda piel.

Desde que la firma mallorquina Camper y la casa japonesa Issey Miyake unieron sus mundos en el otoño-invierno 2025, la conversación entre ambas no ha hecho más que ganar en profundidad. El viernes 6 de marzo de 2026, en el Carrousel du Louvre de París, llegó el tercer capítulo: Anna.
El contexto no era menor. El desfile Otoño- Invierno 2026/27 de Issey Miyake llevaba por título Creating, Allowing y planteaba una pregunta una pregunta incómoda para cualquier diseñador: ¿Hasta qué punto hay que insistir en la voluntad de crear? ¿Es precisamente la decisión consciente de dejar las cosas abiertas e inacabadas lo que permite que aflore la belleza inherente de los materiales, de los cuerpos, de las formas? Sobre el suelo de la sala, una capa de arena plateada esperaba en silencio. Solo cuando la primera modelo pisó sobre ella comenzó a transformarse, marcada de forma irreversible por el paso de cada figura. Una metáfora en acción: la belleza que nace del encuentro, no del control.

Para entender Anna hay que conocer el recorrido previo. La colaboración arrancó con Peu Form, un slip-on y botín fabricado artesanalmente en Portugal con piel italiana, que reinterpreta el concepto de Issey Miyake de “a piece of cloth” en el universo del calzado. El resultado era un zapato casi escultórico, capaz de plegarse, de adaptarse, de vivir. Fue un debut elegante, arraigado en el concepto de heritage compartido por ambas marcas.
Después vino Karst Finch, la primera zapatilla de la colaboración, presentada en el desfile primavera-verano 2026. Donde Peu Form miraba hacia atrás con reverencia, Karst Finch miraba hacia delante con humor. Sus colores, inspirados en el plumaje de distintas especies de pinzones, y su upper elástico y técnico sobre la icónica suela de Camper hablaban de libertad, de ligereza, de las ganas de caminar sin que nada pese demasiado. Cada par venía acompañado de dos pares de calcetines para que el usuario jugará con las combinaciones a su gusto.


Anna cierra este primer trío con un giro inesperado: el tacón. Es el primer modelo con altura de colaboración y también el más íntimo. El más cercano al cuerpo. El punto de partida es la suela puntiaguda y estilizada del modelo Anita de Camper, un clásico de la firma reconocible al instante. Sobre ella, los diseñadores colocaron una parte superior de punto elástico con mezcla de Tencel que abraza el pie con la misma lógica que un calcetín. Fácil de poner, fácil de llevar, difícil de quitarse.
El adjetivo que utilizan ambas marcas para definir a Anna es revelador: “físico y sensual”. En el mercado saturado de referencias conceptuales y colaboraciones que viven más en Instagram que en los pies de nadie, la apuesta por lo táctil resulta casi refrescante. Anna no habla de ideas abstractas; habla de la relación entre un zapato y el cuerpo que lo lleva. El punto suave y transpirable contrasta con la silueta esculpida de la suela y crea una tensión formal que el ojo agradece. El pie no desaparece dentro del zapato. queda definido, envuelto, presente.
La inspiración declarada no es solo un recurso de copywriting. Es una forma de entender el lujo sin aspavientos: la comodidad que no renuncia a la elegancia, la elegancia que no sacrifica el bienestar. Ese equilibrio es, desde su fundación, el territorio en el que opera Camper. Y es también, desde sus primeras colecciones en 1971, la obsesión de Issey Miyake: diseñar para el cuerpo real, para el movimiento real, para la vida real.


El director creativo de Issey Miyake, Satoshi Kando ha demostrado con cada entrega una habilidad poco común: la de traducir una filosofía de vestimenta profundamente arraigada en la tradición japonesa al lenguaje del calzado occidental sin que ninguno de los dos pierda su acento propio.
Anna llega en dos formatos. La version zapato bajo que está disponible en negro y beige. La version bota amplia la paleta con negro, azul y azul marino oscuro. Son colores que no gritan, que funcionan con casi todo, que envejecen bien en el armario. La elección cromática no es accidental: refleja el tono de la colección en la que se inserta, esa exploración de lo inacabado y lo contenido que caracteriza a Creating, Allowing.
Esa versatilidad de uso es otro de los argumentos de Anna. El calzado de tacón suele vivir en los extremos: el de fiesta o el de oficina, el del esfuerzo visible o el del confort negado. Anna propone algo distinto: un tacón que no tiene que justificarse, que no exige ocasión especial.

Camper cumplió en 2025 su cincuenta aniversario. Issey Miyake lleva más de medio siglo redefiniendo lo que puede ser una prenda. Juntas, sus historias suman más de cien años de compromiso con el diseño como proceso vivo, como conversación entre objeto y quien lo usa. Esa coincidencia de valores es lo que hace que esta colaboración tenga sentido mas allá de la lógica comercial de juntar dos nombres reconocibles.
La colección Creating, Allowing ponía el dedo en una llaga que el mundo del diseño raramente se atreve a tocar: la de la renuncia al control. Permitir que los materiales hablen, que el cuerpo complete la forma, que el zapato sea algo que se convierte en tuyo a medida que lo usas.
Anna, con su punto que se adapta y su suela que marca el suelo, encarna exactamente eso. No es un zapato terminado: es un zapato que empieza cuando te lo pones.


