Bvlgari y la Biennale de Venecia: cuando el lujo elige el arte como forma de compromiso

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©Bvlgari

Hay alianzas que van más allá del patrocinio. La que acaba de formalizar Bvlgari con la Exposición Internacional de Arte de La Biennale di Venezia es una de esas. La firma romana, fundada en 1884 y convertida desde hace décadas en símbolo de una italianidad que mezcla historia, artesanía y audacia estética, no se incorpora a la Biennale como un sponsor más. Lo hace asumiendo el papel de Socio Exclusivo durante las próximas tres ediciones y lo hace, además, con una propuesta artística propia: la comisión de una obra inédita de la artista canadiense Lotus L. Kang para su pabellón en el Spazio Esedra de los Giardini.

La noticia se anunció oficialmente en Ca’ Giustinian, sede de La Biennale en Venecia, en el contexto de la presentación de la 61ª edición de la muestra, titulada In Minor Keys. Un nombre que llega cargado de significado y de una historia que el mundo del arte no ha podido ignorar.

Para entender el peso específico de esta Biennale hay que hablar de Koyo Kouoh. Nacida en Camerún en 1967 y criada en Zúrich, Kouoh fue nombrada directora artística de la 61ª edición en octubre de 2024, convirtiéndose en la primera mujer africana en asumir ese rol en los 131 años de historia de la muestra. Era un nombramiento que el sector celebró sin reservas. Kouoh traía consigo una trayectoria construida con convicción: cofundadora del Raw Material Company en Dakar, comisaria de documenta 12 y 13, directora ejecutiva del Zeitz Museum of Contemporary Art Africa en Ciudad del Cabo.

Kouoh murió de cáncer a los 57 años. La noticia sacudió al mundo del arte con una violencia silenciosa. Había trabajado intensamente hasta el final: seleccionando artistas, definiendo el marco teórico, desarrollando el diseño de los espacios, eligiendo los autores del catálogo. Cuando falleció, el proyecto estaba trazado con una precisión casi completa.

La Biennale tomó entonces una decisión que, más que institucional, fue un acto de fidelidad: seguir adelante con la visión de Kouoh exactamente como ella la había concebido, con el apoyo de su familia y del equipo que ella misma había seleccionado. Ese equipo está formado por los asesores Gabe Beckhurst Feijoo, Marie Hélène Pereira y Rasha Salti; el director editorial Siddhartha Mitter; y la asistente Rory Tsapayi. Pietrangelo Buttafuoco, presidente de La Biennale.

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©Jacopo Salvi ©La Biennale di Venezia

In Minor Keys no es solo una metáfora musical. Es un manifiesto. Las tonalidades menores, explicó ella misma en su texto curatorial, rechazan el estruendo orquestal y los compases militares. Son pequeñas islas con ecosistemas ricos, frecuencias de belleza a pesar de la tragedia. Una invitación a escuchar, a bajar el ritmo, a reconectar con lo emocional y lo sensorial.

Bvlgari lleva años apostando por el arte y el patrimonio de una manera que resulta difícil de reducir a estrategia de marca. Ha participado en la restauración de la Scala d’Oro del Palazzo Ducale de Venecia y de las pinturas de Paolo Veronese en la iglesia de San Pietro Martire en Murano. En Roma, ha financiado la recuperación conservadora de la Escalinata de la Plaza de España en Trinità dei Monti, los mosaicos del suelo de las Termas de Caracalla y los mármoles de la Colección Torlonia.

En el ámbito contemporáneo, la firma colabora con el MAXXI a través del Premio MAXXI Bvlgari, que alcanzará su décima edición en 2027, y mantiene una asociación con la Whitney Biennial. Desde 2024, todas estas iniciativas se articulan bajo el paraguas de la Fondazione Bvlgari, creada ese mismo año con el propósito de sistematizar y ampliar el compromiso cultural de la casa.

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©Jacopo Salvi ©La Biennale di Venezia

Para inaugurar su presencia en la Biennale, Bvlgari eligió a Lotus L. Kang. De origen canadiense-coreano, posee un MFA por la Milton Avery School of the Arts del Bard College, y lleva años desarrollando una práctica que resulta difícil de encasillar en un único lenguaje. Trabaja con escultura, fotografía e instalación específica para cada espacio, y lo que la distingue no es la suma de esos medios sino la relación que establece entre ellos y con el entorno en que se despliegan.

Su firma más reconocible es el uso de materiales inestables, que continúan reaccionando al mundo después de ser instalados. Las películas fotográficas sin fijar que emplea permanecen continuamente sensibles a la luz y la humedad del entorno; en sus propias palabras, son «pieles» que siguen desarrollándose durante toda la duración de la exposición. Las esculturas que las acompañan rechazan la idea de resolución: están siempre en un estado intermedio, nunca del todo acabadas, nunca del todo fijadas al suelo.

Sus instalaciones han pasado por el Museum of Contemporary Art Chicago, el Whitney Museum of American Art de Nueva York, la Chisenhale Gallery de Londres, el New Museum Triennial y el SculptureCenter, también en Nueva York. En 2022 fue la primera residente de la Horizon Art Foundation de Los Ángeles. El circuito internacional la conoce bien, pero el encargo de Bvlgari para la Biennale tiene una escala diferente.

El gran tema que recorre su obra es el tiempo. No el tiempo como cronología lineal, sino como multiplicidad: capas superpuestas de memoria, herencia, impermanencia y traducción. Sus piezas no documentan el tiempo; lo encarnan. Y eso, paradójicamente, las vuelve extrañamente vivas.

Para la Biennale Arte 2026, Kang desarrollará una instalación completamente nueva, concebida específicamente para el Pabellón Bvlgari en el Spazio Esedra de los Giardini della Biennale. El Spazio Esedra es un espacio dentro de los Giardini con una presencia arquitectónica propia, y la elección de situarlo allí responde también a una lógica de visibilidad: los Giardini son el corazón histórico de la Biennale, el lugar donde se concentran los pabellones nacionales y donde el recorrido de cualquier visitante comienza inevitablemente.

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©Jacopo Salvi ©La Biennale di Venezia

La combinación entre el trabajo de Kang y un espacio físico tan concreto como el Spazio Esedra tiene el potencial de producir algo genuinamente interesante. No porque la ecuación sea sencilla, sino precisamente por todo lo contrario.

La asociación con La Biennale di Venezia es significativa por lo que implica en términos de continuidad. No se trata de un patrocinio puntual vinculado a una edición concreta, sino de un compromiso que se extiende hasta 2030 y que abarca tres ciclos completos de la muestra.

En la primera edición de esa trilogía, la elección de Lotus L. Kang marca un tono. Una artista que trabaja con lo impermanente, con lo que no termina de fijarse, con materiales que siguen respondiendo al mundo después de que el artista ha terminado su intervención. Hay algo en eso que conecta, casi sin proponérselo, con el espíritu de una Biennale que tendrá que completarse sin su curadora.

Bvlgari llega a los Giardini con una artista que hace del tiempo su principal material. Koyo Kouoh le dio a esta Biennale su nombre desde otra orilla. Y Venecia, como siempre, seguirá siendo el mejor escenario posible para todo lo que no termina de resolverse.

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