Milán fue el escenario del lanzamiento más ambicioso de Bvlgari en años: una colección que no presenta ollas, sino que defiende una forma de entender la belleza.

Lo que Bvlgari organizó el pasado 23 de marzo en Milán es un evento que trasciende en la industria. La firma romana eligió la capital italiana del diseño para desvelar Eclettica, su nueva colección de Alta Joyería, y lo hizo con una puesta en escena que entendía la joya no como el producto final sino como el punto de partida de una conversación mucho más amplia, que involucra pintura, escultura y arquitectura a partes iguales.
La colección que Bulgaria define como la manifestación más audaz de su “artsmanship”, un concepto propio que encarna la fusión entre intuición artística y maestría visionaria. No es un eslogan de marketing vacío: las piezas lo demuestran.


Para la cena de gala y el desfile de Alta Joyería, Bvlgari escogió Villa Arconati, un palacio barroco a las afueras de la ciudad construido inspirándose en los códices de Leonardo da Vinci y al que históricamente se conoce como el “pequeño Versalles de Milán”. La elección no fue casual: el lugar tiene esa capacidad de hacer que todo lo que ocurre dentro parezca destinado a perdurar.
Los invitados llegaron con la fachada iluminada de la villa marcando el tono de lo que vendría, antes él un cóctel que precedió a la cena. Esta estuvo curada por la chef Viviana Varese, con estrella Michelin y se concibió como un recorrido progresivo a través de los tres lenguajes artísticos de la colección. Cada sala interpretó uno de esos lenguajes: la Sala di Fetonte, decorada con frascos, estaba dedicada a la pintura, donde los colores de los muros replicaban la intensidad cromática de las gemas. La Sala del Paesaggio exploró la escultura a través del volumen, la textura y el movimiento. El Salón Rococó representó la arquitectura, con espejos que multiplicaban la luz y el espacio en un juego de reflejos infinitos.

La velada terminó con un show-performance en el que las columnas de luz inspiradas en Roma emergen en el espacio como presencias escultóricas. Músicos interpretaron composiciones clásicas desde dentro de esas estructuras luminosas mientras modelos vestidas con diseños del talento emergente Francesco Murano paseaban entre ellas luciendo las piezas de Eclettica. Las paredes de la villa se animaron mediante proyecciones inmersivas del estudio de arte digital Fuse, que transformaron la arquitectura histórica en un lienzo cambiante de paisajes cromáticos inspirados en las propias joyas.
Eclettica no es el título de una colección elegida al azar. Es una declaración de intenciones de Lucia Silvestri, la directora creativa de joyería de Bvlgari, que lleva más de 45 años en la casa y que ha construido una forma de trabajar absolutamente singular: ella no diseña alrededor de las piedras preciosas, sino que las escucha, dejando que cada gema guíe su mano en un proceso que parece intuitivo pero que está anclado en décadas de experiencia.
En sus propias palabras: “Para Bvlgari, el eclecticismo no es un estilo ni un movimiento, es un método, profundamente arraigado en nuestra esencia. Al dar forma a Eclettica, me guie por pinturas fascinantes, por volúmenes audaces que desafiaron a nuestros artesanos de formas nuevas y por la arquitectura, de la que extraje la gracia de la geometría”

En esta colección, ese lenguaje alcanza lo que ella describe como su expresión más completa y auténtica, con la pintura informando la audacia cromática, la escultura dotando a las piezas de presencia tridimensional y la arquitectura aportando la lógica subyacente: el ritmo, el equilibrio, la proporción.
Las colección despliega más de 160 nuevas creaciones de un universo más amplio de cerca de 650 piezas que incluyen Alta Joyería, relojes de alta gama, bolsos exclusivos y fragancias. Pero hay un núcleo de trabajos que merecen atención especial.

Los nueve Capolavori, que en italiano significa simplemente “obras maestras”, son solo las piezas cumbre de la colección. Entre ellas destaca el collar Secret Garden, construido alrededor de un excepcional zafiro Padparadscha de 26,65 quilates procedentes de Sri Lanka, una piedra perseguida durante años por Lucia Silvestri cuyo tono rosado anaranjado evoca los jardines romanos al atardecer, con zafiros, esmeraldas, ónice y diamantes dispuestos en contrastes geométricos calibrados con precisión.
El collar Seres Scarf, es uno de los objetos más técnicamente ambiciosos que la casa ha producido. concebido como una joya que cae como si fuera tela, está estructurado en oro blanco y compuesto por más de 1.180 componentes individuales trabajados durante 1.600 horas de artesanía. Fluye con el cuerpo con una naturalidad que, teniendo en cuenta que está hecho integrante de materiales preciosos, resulta casi inexplicable.

El anillo Incontro Segreto retoma el formato toi et moi que Bvlgari ha explorado desde los años ochenta, aquí con un diamante antiguo de corte pera de 7,85 quilates frente a una esmeralda colombiana de 5,2 quilates. Las piedras se miran en una estructura mínima que les cede todo el protagonismo.
Y luego está el brazalete Serpenti Infinia, donde la serpiente, símbolo histórico de la casa, se convierte en un prisma de reflejos infinitos. En su centro hay un diamante de excepcional claridad tallado específicamente para esta pieza en un corte único de 7,49 quilates, con 1.385 de las 1.800 horas totales de artesanía dedicadas exclusivamente al trabajo de los diamantes.
La colección también se extiende a la Alta Relojería, con piezas como el reloj Notte Stellata Diva, que interpreta el cielo nocturno romano mediante ópalo, zafiros y diamantes. Y va más allá con bolsos de edición única con elementos joyeros desmontables que pueden convertirse en broches o collares, además de tres fragancias exclusivas.

Al día siguiente, los invitados pudieron ver la colección en un contexto más íntimo. Bvlgari habilitó su showroom exclusivo en Villa Necchi Campiglio, una de las residencias más representativas del Milan de los años treinta, diseñada por el arquitecto Piero Portaluppi y conservada hoy como patrimonio de la FAI.

El espacio fue concebido como una interpretación contemporánea del salotto milanes: ese formato de sala de estar elegante donde el arte convive con la vida cotidiana. Aquí las intervenciones del artista veneciano Riccardo Gatti, con seis esculturas en mármol de Carrara y pan de oro, servirán como soporte artísticos para las piezas de Alta Joyería. Una pintura al óleo de la artista italiana Beatrice Bonafini reinterpreta el espíritu de la colección desde otro registro. Tapices tejidos por la histórica casa textil veneciana Rubelli y muebles de la colección seleccionados por la Nilufar Gallery completan un escenario donde cada elemento tenía algo que decir.
El cartel de embajadores que Bvlgari reunió para la ocasión habla también del momento que vive la marca. Dua Lipa y Jake Gyllenhaal asistieron como las caras recién anunciadas de la casa, aportando una energía contemporánea que contrastaba con el peso histórico de los escenarios. Anne Hathaway, musa de la firma desde hace años, llegó con un diseño de Valentino en rojo intenso y un collar de Alta Joyería de Bvlgari de formas florales con diamantes blancos, verdes y rosas que capturaban la luz desde cualquier ángulo. Priyanka Chopra Jonas eligió el drama arquitectónico con un vestido de tul plisado de Saiid Kobeisy con escote palabra de honor y cola imponente. Liu Yifei y Lim Jiwon completaron un grupo que representaba el alcance global que persigue la maca.


Segun Jean-Christophe Babin, CEO de la marca, la elección de Milán como escenario refleja una estrategia clara: la ciudad representa uno de los mercados de lujo de crecimiento más rápido de Europa, con una nueva generación de clientes de alto poder adquisitivos y una diversidad cultural que encaja con el concepto de eclecticismo. La decisión de lanzar la colección en marzo, en lugar del calendario tradicional de mayo, también señala un giro estratégico que permite a la marca capitalizar el calendario global de la moda tras cerrar 2025 como su mejor año hasta la fecha.


