Con la vuelta a la rutina después del verano, Burberry regresa también a uno de sus escenarios más reconocibles: Londres. Para presentar su colección Otoño 2026, la firma británica se fija esta vez en algo tan cotidiano como el trayecto de casa al trabajo y transforma ese pequeño ritual diario, compartido por millones de londinenses, en el hilo conductor de su nueva campaña.
Las calles del centro de la capital sirven como telón de fondo para Rosemary Ferguson, Cherif Douamba y Haojie Qi, que se abren paso entre las multitudes de la hora punta mientras lidian con otro clásico de la ciudad: un tiempo capaz de cambiar varias veces a lo largo de un mismo día.
La campaña encuentra en ese momento parte de su encanto. En lugar de construir un Londres excesivamente perfecto, Burberry se acerca a la ciudad desde una perspectiva reconocible: prisas, desplazamientos, gente que va y viene y la necesidad de vestirse pensando que, en cualquier momento, puede empezar a llover.
La narración refuerza esa sensación de realidad. La voz de Matthew Streeton, habitual en los anuncios de la red de transporte londinense, acompaña las imágenes con un tono ligero y cierto sentido del humor. Un detalle que convierte el recorrido diario casi en un personaje más y conecta la campaña con esos sonidos que forman parte de la memoria colectiva de quienes viven o han pasado tiempo en Londres.
Ese carácter práctico de la ciudad se traslada directamente a la colección. Para Otoño 2026, Burberry propone un guardarropa pensado para adaptarse tanto a los cambios de temperatura como a una jornada que puede pasar de la oficina a cualquier otro plan sin demasiadas transiciones.
Las prendas de abrigo ligeras recuperan algunas de las siluetas más reconocibles de la casa. La gabardina Foxfield, realizada en gabardina tropical, convive con el modelo Leadenham en nailon y con la chaqueta trench corta Mayfair, que aparece confeccionada tanto en suave piel como en sarga de lana. El mítico check de Burberry se introduce de manera más discreta, mediante detalles tono sobre tono y acabados en piel que aportan contraste sin dominar las prendas.
También la sastrería británica se relaja. El abrigo cruzado Denbury y la chaqueta Bloomsbury Harrington de raya diplomática se combinan con polos rematados con el House Check, prendas de punto de cachemira y capas de lana con efecto manta. El resultado mantiene los códigos tradicionales de Burberry, pero los lleva hacia una forma de vestir más cómoda y menos rígida, construida a partir de capas y pensada para moverse por la ciudad.
Los accesorios siguen la misma lógica entre funcionalidad y sofisticación. En calzado aparecen los salones de punta Cotswolds, las botas Huntley, con referencias al mundo ecuestre, y las estilizadas zapatillas Knight Runner. La propuesta se completa con el tote Cotswolds, el bolso mensajero B Clip y la línea City Check, donde la artesanía característica de la firma se adapta a necesidades mucho más contemporáneas.
Con esta campaña, Burberry vuelve a apoyarse en aquello que mejor conoce, Londres, su clima y su manera particular de vestir. Pero lo hace alejándose por un momento de las grandes postales de la ciudad para mirar algo bastante más sencillo. Porque, entre metros abarrotados, calles húmedas y carreras para llegar a tiempo, también hay espacio para la moda.


