El Villeret Calendrier Chinois Traditionnel de Blancpain no es un reloj concebido para seguir el ritmo del dia a dia, si no para traducir una de las concepciones del tiempo más sofisticadas que ha producido la humanidad. Y con la llegada del Año del caballo de fuego en 2026, la manufactura suiza presenta su decimoquinta interpretación de esta compilación extraordinaria.
Quince años no son pocos. Desde que en el 2012 Blancpain presentó en primicia mundial el primer reloj capaz de mostrar simultáneamente el calendario chino tradicional, la fecha gregoriana y la fase lunar, la manufactura ha ido construyendo con paciencia y coherencia una de las sagas más respetadas de la alta relojería contemporánea. Cada edición anual lleva el nombre del animal que preside el zodíaco chino ese año y cada una representa un paso más en el dominio de una complicación que catorce años después de su debut sigue siendo única en el mundo.
Para entender porque este reloj ocupa un lugar singular en la historia de la relojería, hay que detenerse un momento en lo que realmente es el calendario chino tradicional. No es simplemente un sistema alternativo para contar los días. Es una arquitectura temporal de una complejidad filosófica y astronómica que no tiene equivalente occidental.

Mientras el calendario gregoriano tomo el sol como referencia y ajusta sus cuentas con un año bisiesto cada cuatro años, el sistema chino es lunisolar: los mese siguen los ciclos de la luna, pero el conjunto del año se calibra también con el movimiento sola para no desviarse de las estaciones. El resultado es un calendario variable, irregular y profundamente vivo: los años pueden tener doce o trece meses, la duración de los meses cambia y de vez en cuando aparece un mes intercalar que el reloj debe identificar y señalar. A esto se le añaden tres capas simbólicas más: el ciclo del zodiaco de doce animales, los cinco elementos con su polaridad del Yin-Yang y el gran ciclo sexagenario de 60 años en el que se integra todo lo anterior. Traducir este sistema a un mecanismo de pulsera no es solo un desafío de ingeniería al uso, sino que también es un problema de comprensión.
El corazón del Villaret Calendrier Chinois Traditionnel es el calibre 3638. Blancpain tardó cinco años en desarrollarlo y el resultado es un movimiento de 464 componentes que funcionan en perfecta coordinación para mantener actualizado en todo momento un sistema calendárico que cambia las reglas con cada ciclo lunar. En términos de complejidad mecánica, este movimiento se acerca a la de un repetidor de minutos, su construcción exige un nivel de oficio rarísimo incluso dentro de los talleres de alta relojería.
El calibre 3638 trabaja a 28.800 alternancias por hora, cuenta con 39 rubíes y está equipado con un muelle de silicio y una arquitectura de triple barrilete para una mayor estabilidad del par motor. Esos tres barriletes en serie son responsables de una de las virtudes más apreciadas del reloj en la práctica: una reserva de marcha de 168 horas, es decir siete días completos. Un calendario que ha perdido el hilo del tiempo necesita ser reajustado desde cero y eso implica tiempo y conocimiento.
La esfera del Villaret Calendrier chinois Traditionnel alberga dos calendarios completos, una fase lunar, indicaciones de horas dobles chinas, el ciclo de los elementos y la polaridad Yin-Yang. El reto no era solo meter todo eso en un dial de 45,2 milímetros, sino que era hacerlo de forma que el conjunto resultara legible, equilibrado y en la medida de lo posible bello.

La disposición es precisa. A las 12, una ventana muestra el animal zodiacal del año en curso: en 2026, el Caballo. A las 3, el ciclo sexagenario despliega los cinco elementos con su componente Yin-Yang. A las 6, la fase lunar, una complicación que Blancpain incorpora de manera ininterrumpida en sus relojes desde 1983. A las 9, los días y meses lunares chinos, incluida la indicación del mes intercalar cuando corresponde. Y rodeando todo el conjunto, una aguja de forma serpentina y acabado azulado recorre el perímetro de la esfera para señalar la fecha gregoriana, recuperando con ese gesto una solución estética propia de la relojería del siglo XVIII.
La gran novedad visual de la edición 2026 llega precisamente en la esfera. La característica más distintiva de esta edición es su esfera de esmalte Grand Feu en tono rosa salmón, una primera vez absoluta dentro de la colección de Calendario Chino Tradicional de Blancpain. El esmalte Grand Feu es uno de los procesos decorativos más exigentes y frágiles de la relojería: se trata de una pasta vítrea aplicada sobre el metal y cocida a alta temperatura, que en el horno puede agrietarse, burbujear o deformarse sin previo aviso. El resultado, cuando sale bien, tiene una profundidad y una luminosidad que ningún otro acabado consigue igualar. En rosa salmón la esfera introduce una temperatura visual que dialoga de forma natural con la caja de platino y la correa de piel marrón.

Si la esfera es el primer plano del reloj, el reverso es su contraportada. Y en Villeret Calendrier Chinois Traditionnel 2026, el reverso merece tanto tiempo de atención como la esfera. A través del fondo de cristal de zafiro se aprecia el movimiento en todo su detalle y en el centro de de la masa oscilante los talleres Métiers d’Art de Blancpain han grabado a mano una escena que condensa el simbolismo del año.
El rotor automático, grabado a mano en oro de 22 quilates, representa al Caballo de Fuego en pleno galope pisando una golondrina al vuelo, una referencia directa a Tianma, el caballo celestial de la tradición imperial china. Tianma es una figura recurrente en la cosmología y la literatura chinas: un caballo alado de origen divino capaz de volar entre los cielos y que en algunas versiones del mito pisaba una golondrina en pleno vuelo como prueba de su velocidad sobrenatural. Convertir ese instante legendario en una pieza de orfebrería grabada sobre un componente funcional del movimiento es un ejercicio de poesía aplicada al metal. El rotor presenta una superficie esmerilada, un grabado en relieve del caballo al galope sobre una golondrina y acentos de rubí flanqueando los caracteres chinos para «caballo» y «fuego».
Una de las decisiones técnicas más interesantes del Villeret Calendrier Chinois Traditionnel tiene que ver con algo que no se ve: los correctores. En cualquier reloj de calendario complejo, los correctores son los pulsadores o palancas que permiten al propietario ajustar las distintas indicaciones cuando, por ejemplo, el reloj ha estado parado varios días o cuando hay que configurarlo desde cero al inicio de un nuevo año lunar.
La solución habitual es situar estos pulsadores en los flancos de la caja, lo que resuelve el problema funcional pero a menudo compromete la pureza visual del conjunto. Blancpain tomó una decisión diferente: cuatro correctores se sitúan bajo las asas, y un quinto queda integrado en el fondo de la caja a las 9 en punto. Esta disposición permite ajustar todas las funciones del calendario con la yema de los dedos, sin herramientas, y todos los correctores permanecen completamente protegidos durante el uso normal. Los flancos quedan así completamente limpios, sin interrupciones, y la experiencia de ajuste resulta sorprendentemente cómoda para un reloj de esta complejidad.
La edición 2026 del Villeret Calendrier Chinois Traditionnel se presenta en una tirada de 50 piezas en platino 950. La caja mide 45,2 milímetros de diámetro y 15,1 milímetros de altura, dimensiones que responden más a las exigencias del movimiento que a consideraciones de moda. El perfil de doble escalón característico de la colección Villeret, los flancos pulidos y las asas finamente trabajadas crean un conjunto que tiene el peso y la presencia de un objeto hecho para durar décadas.

La correa de piel marrón con cierre de alfiler en platino completa el conjunto con una coherencia cromática bien pensada: el marrón cálido de la piel, el rosa salmón de la esfera y el gris frío del platino dialogan sin estridencias.
Lo que hace singulares a los grandes relojes no suele ser una sola decisión, sino la acumulación de muchas decisiones bien tomadas a lo largo del tiempo. El Villeret Calendrier Chinois Traditionnel lleva quince años perfeccionándose: quince ediciones, quince animales del zodiaco, quince oportunidades para refinar tanto la mecánica como el lenguaje estético de una complicación que no tiene parangón en la industria.
El Caballo de Fuego llega en 2026 cargado de ese peso acumulado. No es solo un reloj que celebra un año del zodíaco. Es la decimoquinta demostración de que Blancpain entiende el tiempo de formas que muy pocas casas se atreven siquiera a explorar. Y de que, cuando la alta relojería decide tomarse en serio una idea del tiempo que no es la suya propia, puede producir algo que va mucho más allá de la técnica.


