En este oasis de calma entre olivos centenarios, la arquitectura bereber se entrelaza con la naturaleza marroquí.
Por Marta Martínez
A tan solo veinte minutos del bullicioso centro urbano de Marrakech, en las afueras del pueblo de Oumnass, se encuentra el Berber Lodge. Rodeado por olivares centenarios, el lugar pasa desapercibido mientras recorres la Route Provinciale, pero al cruzar sus puertas, uno se da de bruces con una aldea bereber sumergida en la calma del extenso paisaje.
Concebido como una pequeña kasbah o espacio fortificado por el arquitecto franco-suizo Romain Michel-Ménière–en colaboración con el reconocido estudio KO–y por su socia Colette Vidal, el hotel se integra perfectamente con la naturaleza colindante, creando una atmósfera de tranquilidad absoluta.
El lodge, compuesto por nueve cabañas rosadas de terracota y tadelakt, que es un revestimiento de cal brillante casi impermeable, se construyó sobre un antiguo huerto de olivos utilizando los recursos de artesanos locales. Los techos se obtuvieron de árboles autóctonos, como el eucalipto, el cedro del Atlas o los bambúes silvestres; los briques de adobe de las paredes, de la tierra del huerto y las baldosas de terracota a medida, de en un pueblo vecino.
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