Dormir en un árbol

by Carmela Bautista

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En El robledal de Amati, el entorno protegido perteneciente al Valle navarro de Ultzama, se encuentra Basoa Suites, un hotel cuya particularidad es que sus habitaciones están construidas en la copa de los árboles. En principio, la idea puede parecer muy atractiva pero luego, teniendo en cuenta nuestra responsabilidad ecológica nos resulte algo descabellado. “En Basoa Suites creemos en un turismo diferente y por ello promovemos un turismo sostenible y respetuoso. Elegimos materiales y técnicas de construcción que causen el mínimo impacto en el árbol y el entorno”, aseguran desde esta empresa que lleva desde 2003 creando parques de aventura en árboles. “Pronto surgió la idea de ir más allá y nos preguntamos por la posibilidad de dormir en lo alto de en un árbol ¿Cómo sería la experiencia de estar completamente inmersos en el bosque? Así comenzó a gestarse Basoa Suites”.

Las suites son rústicas y hermosas. Cuentan con un sistema de baño seco, para evitar la instalación de tuberías y desagües en el interior del bosque. Además han construido pasarelas de madera elevadas para evitar la compactación del suelo, dirigir la circulación a los caminos y garantizar que el suelo y la flora no sufran el impacto de la presencia humana. Por último, promueven la observación del bosque bajo el convencimiento que cuanto más se sepa sobre los bosques mejor se cuidarán.

Las cabañas construidas de formar manual sobre los troncos de robles centenarios, adaptadas al lugar en el que se construyeron e integradas en el entorno, todas ellas están construidas con maderas naturales de los alrededores (roble, castaño, arce) y con especial cuidado en que queden integradas en el bosque. Las suites tienen un tamaño interior de 10 metros cuadrados y otra tanto en la terraza. Además, no tienen electricidad, con lo que tienes que utilizar lámparas portátiles.

Pero lo mejor del hotel es donde está situado y las posibilidades que ofrece. Este tipo de bosques ocupaba grandes áreas de Navarra y País Vasco pero debido a la actividad humana (pastoreo, agricultura, fundación de pueblos…) fueron disminuyendo sus áreas y actualmente quedan reductos de robledales aislados los unos de los otros. Son joyas naturales ya que en ellos se pueden ver una gran variedad de animales y especies vegetales. El bosque de Amati  además es conocido por su alto valor micológico y ornitológico, y entre otras actividades a practicar están el senderismo, los paseos a caballo, la visita a un cercano Museo de la Miel, por ejemplo. Pero lo mejor es pararse a escuchar, a oler, sentir y ver.