Hay símbolos que trascienden el tiempo sin desgastarse. La paloma es uno de ellos, ha sobrevivido milenios de historia, culturas y conflictos sin perder su carga de significado. Es el ave que Noé envió desde el arca y que regresó con una rama de olivo entre el pico. Es el Espíritu Santo en la tradición cristiana, el atributo de Afrodita en la mitología griega, y en el siglo XX se convirtió, gracias a Picasso, en un icono de paz universal con una economía de trazos que sigue siendo imposible de superar. Baobab Collection lo sabe, y ha construido sobre esa imagen su colección más simbólica hasta la fecha, Paz.


Fundada en Bélgica en 2002, Baobab Collection lleva más de dos décadas creando velas perfumadas y difusores que funcionan tanto como objetos olfativos como piezas de decoración. Sus referencias beben siempre de recuerdos de viaje, paisajes y una sensibilidad estética muy concreta, la que nace de observar el mundo con atención. Para Paz, ese punto de partida es la paloma, y el resultado son tres velas de edición limitada en cerámica hecha a mano que combinan artesanía, simbolismo y perfumería con una coherencia que resulta difícil de ignorar.

Las tres piezas Colombe, Paz y Dove comparten el mismo vocabulario visual palomas esculpidas en bajorrelieve que parecen emerger de la superficie de la cerámica, casi en movimiento. Cada una tiene, sin embargo, una identidad propia tanto en su acabado como en su fragancia.
Colombe es la más contemplativa de las tres. Su cerámica de verde celadón, con esos reflejos sutilmente patinados que evocan el paso del tiempo, contrasta con un esmalte interior de tono rosado que introduce una vibración cálida y casi mediterránea. Las palomas esculpidas sobre la superficie no decoran, emergen, como si la cerámica hubiera crecido alrededor de ellas. Su fragancia es floral, construida sobre la delicadeza de la flor de azahar a un tiempo tierna y vibrante a la que el cuero aporta estructura y el pachulí una base sensual y amaderada. El resultado es una vela que huele a reconciliación, a esa calma que llega cuando uno se detiene.

Paz, la pieza que da nombre a la colección, es la más táctil. Elaborada por artesanos portugueses en cerámica color marfil, juega con el contraste entre el brillo y el mate en su esmalte, creando una superficie viva que cambia según la luz. Su perfume es amaderado y especiado, la nuez moscada abre la composición con calidez aromática, la corteza de canela le da profundidad y el gálbano una resina vegetal de origen milenario introduce una nota de frescura que equilibra el conjunto. Paz huele a sur, a casas con piedra caliente y a tardes que no tienen prisa.

Dove es la más luminosa, la que parece haber capturado el sol directamente. Su acabado amarillo vibrante rinde homenaje a las cerámicas esmaltadas del sur de Francia, ese amarillo de Provenza que no es dorado ni ocre sino algo propio e inimitable. Las palomas esculpidas sobre su superficie parecen flotar, y el interior en beige mate realza esa estética radiante sin competir con ella. Su fragancia es cítrica, bergamota chispeante, té verde de una frescura casi mineral y una base de almizcle que suaviza el conjunto y lo lleva a territorio confortable. Dove es una vela de verano, de casas abiertas y tardes largas.
Lo que hace que Paz funcione como colección y no solo como tres velas bonitas es que cada pieza tiene coherencia interna entre forma, color y fragancia. No hay arbitrariedad, el verde celadón de Colombe corresponde a su calma floral, el marfil táctil de Paz encaja con su madera especiada, el amarillo solar de Dove anticipa su frescura cítrica. Es una artesanía pensada, y eso se nota.
En un mercado donde las velas de lujo proliferan y la diferenciación se vuelve cada vez más difícil, Baobab Collection apuesta por algo más sencillo y más difícil a la vez, hacer objetos que tengan algo que contar. La paloma de la paz lleva siglos haciéndolo. Parece que aún tiene mucho que decir.


